
El conejo saltaba un día por el campo cuando encontró al coyote.
-Acércate, que te daré de comer –dijo el coyote.
Se le acercó desconfiado y el coyote lo agarró.
-Te engañé -se jactó-.Ahora te voy a comer.
El conejo se puso a gemir, queriendo causarle lástima-
-de nada vale que llores –le declaró el coyote-. Te comeré igual.
-Al menos no me comas vivo –le rogó el conejo-.mátame primero aventándome a ese espinal.
El coyote le concedió la gracia, echándolo en el espinal. Pero cuando lo fue a sacar, ya no estaba allí; se había escapado.
Furioso por haber sido engañado, el coyote salió a buscar al conejo. Lo sorprendió la mañana siguiente descansando bajo un árbol.
-Ahora sí te llegó la hora por haberme engañado –sentenció el coyote.
-Está bien, cómeme, pero primero te invito a que vayamos a una fiesta de boda. Allí encontraremos harta comida.
El coyote, pensando que podría saborear en la fiesta cosas más ricas que un conejo, aceptó la invitación.
Llegaron pronto, pero el coyote no veía en ese sitio clima de fiesta.
-¿Y esa es la boda? –preguntó con desconfianza.
-Es temprano; todavía no vienen los novios. Yo tengo que ir a traer ahora a los músicos. Tú escóndete en ese carrizal y no salgas hasta que oigas tronar cohetes.
El coyote aguardó largo rato. Al final oyó que algo tronaba y pensó que serían los cohetes.
Pero no eran cohetes. El conejo había encendido lumbre alrededor y tronaba el carrizo. El coyote se quemó entero y salió aullando
De este modo el conejo se libró del coyote para siempre.
Donde puedo ver o conseguir la versión del relato en Me´phaa
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